miércoles, agosto 22, 2007

Y...

Dicen que tengo mala suerte ¿dicen? Mentira, lo digo yo. Pero ¿mala suerte por qué? ¿por tener miedo? ¿por no hacer lo que debo? ¿no hablar cuando tengo q hacerlo y callar cuando no? Es cobarde por mi parte intentar buscar excusas. Excusas para qué, ¿para justificarme? Justificarme ¿por qué?, ¿ante quién? ¿para qué? ¿Para poder dormir tranquilo esa noche? Da igual, con o sin justificación no dormiré. ¿Quizás para que cuando me levante al día siguiente poder tener la cabeza en otra cosa? ¿para olvidarlo más fácilmente? Sé que no lo olvidaré, nunca, al igual que otras tantas cosas.

Entonces qué es. ¿Trato de ocultarme, de huir? Huir de qué, ¿de mí mismo? No podré, me encontraré cada mañana, cada tarde y cada noche.

¿Por qué todo esto? ¿Por qué otra vez?

Y aun mientras escribo esto sigo haciéndolo. Trato de convencerme, una y otra y otra vez.

¿Cuál es la razón?

¿Qué es lo que me hace seguir y qué lo que frena?

Soy yo mismo, lo sé. Pero, por qué yo a mí mismo.

¿A dónde me conduzco con todo esto? ¿Cuál es mi destino, mi meta, mi fin…?

Puedo decir lo que pienso pero también puedo callar. Puedo mirar a los ojos, fijos, como un lobo mirándote fijamente, escudriñándote, buscando tu propio miedo. Oliendo esa agonía que crece en tu interior.

¿Agonía? Otro fantasma más. Otra palabra más que perdió su significado, que se desgastó del uso.

Poco a poco uno nota como bajan los parpados, como el cuerpo vuelve nuevamente a ser algo distinto de la mente. Como se van separando. Y regresa el momento en que me quedo con lo peor de cada uno.

Despertaré y habrá sido otra noche sin dormir, otra noche de idas y venidas, de hablar primero y callar después, de pasear para luego sentarte, de… lo mismo en definitiva.

A eso es lo que temo (entre otras muchas más), a irme acostumbrándome a esa rutina, porque al final te observas y te das cuenta que estás vacío, que ya no te queda nada en tu interior. Y miras las manos y no hay nada, y miras alrededor… y no hay nadie.